Descripción

Desde sus inicios en 2007, la Asociación Investigadores Venezolanos de la Comunicación (InveCom) ha mostrado preocupación por el problema de la formación de los comunicadores sociales del país y América Latina.

Durante el 1er Congreso de InveCom, Elda Morales y Luz Neira Parra sentenciaban que “las escuelas de comunicación social hoy son recintos donde se legitima la sumisión a los saberes impuestos por la explosión de la mediática”. Las profesoras destacan que se ha disminuido la calidad de la labor de los egresados, lo cual es producido por una negación a sus compromisos ante los cambios sociales, culturales y políticos que demandan los ciudadanos.

Como lo plantea Ana Irene Méndez (2007), entender la crisis que atraviesa la formación en comunicación en el país – por no decir en el mundo – pasa por reconocer que la academia ha abdicado su rol de rector, pensando erróneamente que es el mercado quien debe determinar los contenidos de los pensa. Y se trata precisamente de un error porque las investigación de Morales y Parra, y de varios académicos latinoamericanos, revelan la necesidad de formación en el eje teórico-epistemológico, el cual ha sido disminuido progresivamente por los mismos integrantes de las escuelas de comunicación, fortaleciendo lo instrumental y el uso de los recursos tecnológicos en detrimento del desarrollo de la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas las informaciones en un contexto y en un conjunto.

Entonces, surge como prioridad fortalecer el eje de investigación, precisamente porque es el que permite entrenar al educando para pensar en términos conceptuales, introducirlo a los procesos de construir abstracciones del campo de la teoría e identificar sus instancias en el nivel empírico.

El académico mexicano Fuentes Navarro apunta sobre la existencia de tres modelos de enseñanza de la comunicación: 1. Formación de periodistas en los años cincuenta; 2. El comunicador como un intelectual, y 3. el del comunicador como científico social. Ninguno de estos esquemas curriculares ha logrado la consistencia suficiente para legitimarse, ni profesional ni universitariamente.

Es necesario, como lo plantea Reguillo (1995), superar los modelos en los que la esfera mediática sea el epicentro de las prácticas socio-comunicativas, y reconocer la emergencia de nuevos actores que producen e interpretan sistemas de mensajes.

Como respuesta a la deslegitimación de los modelos tradicionales surge la propuesta del cuarto modelo de formación en comunicación que plantea Tanius Karam desde la Universidad de la Ciudad de México (UCM). Se plantean las siguientes líneas prioritarias en ese modelo “culturológico”: a) Comunicación, valores y cultura; b) Comunicación, sociedad y democracia; c) Comunidades simbólicas, identidades y representaciones sociales; d) Comunicación y vida cotidiana; e) Impacto sociocultural de las tecnologías de información; y, f) Comunicación y ciudad.

Para lograr el cometido de mejorar los pensa de estudio, la formación en comunicación debería estar orientada por el pensamiento crítico. Haskins (2003) define el pensamiento crítico como un proceso en el cual usamos nuestro conocimiento y la inteligencia para llegar de manera efectiva a las posiciones más razonables y justificables sobre temas, así como los esfuerzos para identificar y superar los numerosos obstáculos al pensamiento racional. Como lo plantea Gabriela López Aymes (2012), la misión de la escuela no es tanto enseñar al alumno una multitud de conocimientos que pertenecen a campos muy especializados, sino ante todo, aprender a aprender, procurar que el alumno llegue a adquirir una autonomía intelectual. Esto se puede lograr atendiendo el desarrollo de destrezas de orden superior como las del pensamiento crítico.

El informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) generado por el equipo de Jacques Delors (1996), plantea la importancia del pensamiento crítico y el reto particular que enfrenta la educación superior de potenciar la comprensión, despertar la curiosidad intelectual, estimular el sentido crítico y adquirir al mismo tiempo autonomía de juicio. “La demanda social para modificar los modelos educativos es de tal importancia, que obliga a algunas agrupaciones de científicos en todo el mundo a ser más proactivos en su lucha por el desarrollo del pensamiento crítico” (Fëdorov, 2006).

El objetivo del V Congreso de InveCom es convocar a pensadores, investigadores y actores involucrados en la formación en comunicación para intentar responder o replantear algunas de las preguntas que se hace Tanius Karam en su trabajo: ¿Seremos capaces de ofrecer un modo de enseñanza en el campo académico que se alimente de los planteamientos críticos de la comunicación como una legítima tradición?, ¿podremos conciliar los retos a un tiempo disciplinarios y transdisciplinarios, la perspectiva “comunicológica” que aspira a la definición desde la sistémica para los objetos y métodos de la comunicación y la apertura de la comisión Gulbenkain que sugiere la reducción de esas fronteras y distancias para privilegiar campos comunes?, ¿sabremos superar la visión EGOcéntrica de la academia para dar paso a mediadores culturales?…